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Reixa vs Marquez SAGA (1 viendo) (1) Invitado(s)
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TEMA: Reixa vs Marquez SAGA
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Reixa vs Marquez SAGA 8 Años, 6 Mess ago Karma: 0  
LA CORTINA DE HUMO DEL Sr. REIXA

Notas previas a la Carta Abierta al (entonces) Presidente SGAE

1.- El comunicado del 13/03/2013, del actual Presidente SGAE, es una cortina de humo que pretende desviar la atención de una propuesta que lleva a la próxima Junta Directiva de SGAE, para cambiar las normas de reparto, el sistema de documentación y la valoración de la parte musical de las obras audiovisuales, penalizando a los músicos. En el comunicado, el actual Presidente SGAE acusa a las televisiones y a los autores de televisión de mafiosos que acaparan los ingresos de derechos de autor, por lo que se hace necesario un cambio de estatutos. De esta forma los ingresos que actualmente recaudan las televisiones irían de nuevo a las editoriales musicales multinacionales como Warner, Sony, Universal y su catálogo fundamentalmente internacional.

2.- La música controlada por las editoriales de televisión es en un 90 por ciento de autores españoles y es uno de los pocos reductos a través del cual los autores españoles consiguen ganarse la vida. Los autores españoles están encantados de poder difundir su música y recaudar por esto ¿Quiénes son los grandes perjudicados por estas medidas? Pues, más que posible y fundamentalmente, los editores de las multinacionales discográficas que están fuera de este circuito. Las televisiones, aun beneficiándose de un retorno, son, en la mayoría de los casos, las que cumplen con regularidad en el pago y gracias a la gestión de sus editoriales, la presencia de autores españoles es notable en su programación.

3.- Esta reforma estatutaria en los modos de reparto, suena a contraprestación a aquellos que le dieron la Presidencia, los Editores y los Audiovisuales. Donde los grandes perdedores son los músicos.

4.- No se entiende bien el papel o la propuesta alianza con DAMA, para los cambios en el modo de reparto, que va a mermar los derechos de los músicos en las producciones audiovisuales, dando con ello satisfacción a antiguas aspiraciones de un sector de Audiovisuales, en detrimento de los músicos, y rechina que aun ocupando asiento cómo músico, el Presidente SGAE se reconoce como un autor audiovisual.

5) Antón Reixa es Presidente SGAE gracias a los votos de las multinacionales.

6) Antón Reixa, en la Junta Directiva, tiene el apoyo del Colegio de Audiovisuales. En el Colegio de Pequeño Derecho, está en minoría y, al parecer los miembros de este Colegio desconocían que se iba a circular este comunicado.

7) La SGAE, hasta ahora ha compartido los métodos de valoración y reparto con la mayoría de sociedades extranjeras, si se aparta de ellas, ¿Cuál es el modelo de referencia?, ¿Francia?, ¿Alemania?, ¿Italia?, ¿USA?

8) Se puede y se debe buscar el equilibrio y el consenso en los repartos equitativos, sin estigmatizar a un sector, no tan minoritario, y que incluye a todas las músicas, desde la clásica hasta la popular, pasando por el flamenco, el jazz, el folk, las músicas vernáculas y la electrónica.

9) Puestos a defender a los autores más modestos y abnegados, que digan cuánto les ha llegado a éstos de los Pendientes de Identificación (casi 100 millones de euros) que llevan tres repartos distribuyéndose en función de la cuota de mercado de las grandes editoras multinacionales.

10) el Presidente SGAE, al margen de atentar contra la libertad de mercado, escudándose en un supuesto establecimiento, unilateral, de buenas prácticas (consensuado, a veces, gracias a una rebaja sustancial de las tarifas) lanza amenazas a parte de sus socios (expedientes disciplinarios) y a las televisiones que habrán de someterse a su “código de buenas prácticas”.

CARTA ABIERTA
¡Viva la Música! vs Vivo de la música


Con un ¡Viva Cartagena! digo, perdón, ¡Viva la música! Antón Reixa, en un extenso comunicado hecho público ayer, se rinde a las multinacionales (que son las que, con sus votos, le han aupado a la Presidencia SGAE) haciendo una denuncia y anuncio de acciones sobre una supuesta red de nuevos “tupamaros”, que no es más que una gran cortina de humo para cambiar el reparto de los derechos audiovisuales, en televisión, a favor de las editoriales multinacionales, y en detrimento de los autores españoles que ahora copan determinadas franjas horarias.

El autor, que suscribe esta Carta Abierta, es socio SGAE desde hace 35 años, ha tenido alguna canción renombrada, es miembro de un grupo de rock, y sus ingresos han sido modestos (por lo que para sobrevivir “mejor” se hizo editor) hasta que pudo, por razones varias, colocar composiciones suyas en cadenas de televisión (primeramente videoclips en Antena 3 y Telecinco después, aunque su despegue espectacular ha sido con fondos y conciertos, fundamentalmente en televisiones autonómicas).

El actual presidente SGAE se ha despachado a gusto sobre lo que él califica como una “perversa rueda” o red de “intermediarios” que describe así:

“intermediarios (que concentran las mayores recaudaciones) apenas superan la docena y los tentáculos de sus más directos beneficiarios engloban a poco más de cincuenta autores (reales o presuntos). Concentran, sin embargo, con su entramado de testaferros y cesionarias un número muy relevante de votos que, como en la época de los “tupamaros”, aspiran a controlar la SGAE (si actuasen coordinadamente y los demás nos abstuviésemos, incluso, podrían lograrlo).”

Como mi recaudación del 2012 ha sido, afortunadamente para mí, espectacular, no puedo por menos que darme por aludido y, al margen del favor y honor que me hace, a mi honor, reputación y a mi actividad (que con su abrupta irrupción, parece que va a proporcionarme un merecido descanso, aunque con ello disminuyan notablemente mis, al parecer inmerecidos, ingresos) me veo, en justa correspondencia a su atención, motivado a precisar algunas de sus afirmaciones en el extenso y farragoso escrito con el que nos ha obsequiado que, aunque escrito de forma abrupta y atropellada (algún malintencionado diría que ha entrado en el tema como elefante en cacharrería, repartiendo insultos y descalificaciones por doquier, con mucha amenaza y con “ganas de lucirse el torero ante el respetable”) creo haber entendido lo que quería decir.

Acepto (con cierta satisfacción, tengo que decir, ya que soy así de presuntuoso) ser, si es que es el caso, uno de esa “dirty dozen” a los que les ha ido estupendamente en 2012; lo que no sabía, sea yo “real o presunto”, es que mi administrador es un “testaferro” y que las “cesionarias” no están ahora bien vistas por la SGAE, cuando yo la monte siguiendo sus sabios consejos y, menos aún, que con eso me hinchaba de gran número de votos que, por cierto, nadie me dijo que tenía en la última asamblea (aunque es igual, porque no pienso votar hasta que se cumpla aquello que nos dijeron de que la reforma de Estatutos se haría votando los artículos de uno en uno, no en la forma de referéndum, tan democrática, a la que nos viene acostumbrando el señor Presidente). Tampoco me había dado cuenta de que aspiraba a controlar SGAE pero, ya que parece que es así, intentaré averiguar quiénes son el resto de conjurados para hacer algo que ayude al señor Presidente a aglutinar a los socios frente a tal amenaza y pueda, así, emular a la Junta Militar Argentina con lo de la guerra de las Malvinas. Ya, en clave sudamericana, espero que con este favorcillo no siga comparándome con los “tupamaros”, que me sale cierto sarpullido.

No sé si aceptar (tendré que hablarlo con mi confesor) lo de que debo ser uno de esos pocos de los que apunta el animoso Presidente, deshacedor de entuertos, cuando dice:

“La avaricia y ambición ilimitada de unos pocos tratarán de menoscabar y tensionar la unidad de todas y todos con múltiples maniobras”. Me prepararé anímicamente para sufrir una dolorosa penitencia, si ese fuese el caso.

Dotado, el Presidente, de un don natural para las relaciones públicas y con un talento creador inabarcable por este humilde saltamontes, no me ha sorprendido el guante blanco, el exquisito trato y la justificación de su labor, refiriéndose a las editoriales de cadenas de televisión y de compañías discográficas, alabando, en particular a sus jefes (a los que algunos pérfidos, a sus órdenes, tienen engañados, al parecer) porque se lo merecen, porque los malvados son, o somos, los “intermediarios” esos y, por supuesto, no lo hace, como algún insidioso apunta por ahí, porque son los editores, en particular los de multinacionales, a los que debe el haberse aupado a la Presidencia y con mayor maldad aún, insinúan que firmó con ellos un acuerdo previo del que nadie, excepto ellos, saben en qué consiste. ¡Difamadores abyectos!

Pero el señor Presidente es fiero y contundente, una vez bailado el agua a los barandas y/o barandillas, entrando “a matar” en las malas prácticas de

“Las editoriales dependientes de las cadenas, salvo contadas excepciones, sólo firman contratos con autores dispuestos a ceder el 50% de los derechos. Incluso, y aún peor, la producción de la mayor parte de la música que emiten es financiada por el 50% autoral…
…la intervención de una serie de intermediarios que pagan esa producción pactando cesiones de coautoría con los creadores reales. Es decir, el mundo al revés: los autores financiando a los editores.”

¡Cuánta razón tiene este santo varón! Desde que, por azar y/o destino, entré en esto de la composición, no he hecho otra cosa que financiar a los editores, locales y multinacionales, cediendo un 50%, a cambio de ya saben ustedes qué, a veces un disco, a veces nada; y también he financiado a otros con muy mala fama, también, llamados “managers”, que decían que yo me llevaba el 70% de lo que ellos ganaban. Tengo que decir, eso sí, que cuando no he tenido ni editor, ni manager, no he ganado ni un “duro”, y me acordaba amargamente de lo que con sorna me recomendó uno de ellos: “Más vale un bombón para dos, que una mierda para uno solito”. (Quizá por eso, después me hice editor y claro, me forré, también, lo siento…aunque no mucho a decir verdad…lo de sentirlo, quiero decir)

En su afán didáctico, el Presidente, nos alumbra con pensamientos sublimes, de profundo conocimiento y filosofía, como:

“La televisión, como lo fue la radio musical y lo es y será Internet, es una magnífica herramienta para la promoción de la música. Eso sí, utilizada con dignidad e inteligencia.”

¿Eh, como se os queda el cuerpo, perillanes? ¡Cuánta sabiduría y moral!

O aclaraciones como:

“Entiéndase que lo alarmante no es que magníficos creadores de música para el audiovisual consigan grandes ingresos provenientes de este reparto”. ( y punto)

Que para mentes despiertas y avispadas como las de los autores, no precisan de mayor abundamiento sobre lo que “sí” es alarmante, por ejemplo.

Por ello, debemos disculpar que incurra en pequeños errores como afirmar que la cesión entre autor y editor del 50% es “el máximo legalmente cedible” (cuando esa limitación no aparece en la ley, aunque sea una práctica aceptada por todos y, además, la SGAE , en su reglamento, no acepte un reparto superior) o en su aceleración descalificadora confundir “autores” con “artistas” (cuando dice en pleno furor denunciante:

"enmascarar con nombres de testaferros las autorías y esquivar así los contratos editoriales de los verdaderos artistas ”.

O cuando, con alegría, acusa a las televisiones de conseguir las producciones “sin gasto ni inversión algunos” (qué bien, esta vez no usa un “políticamente correcto” “algunas y algunos”, “todas y todos”, “socias y socios” y demás cansina complicación del lenguaje) lo que le hace a uno preguntarse hasta qué punto sabe y controla este hombre las cuentas y gastos de estas compañías.

Se pregunta, anonadado, el actual Presidente SGAE: “¿Cómo se puede entender que, mientras las emisiones diurnas han desterrado los programas musicales, las madrugadas televisivas están repletas de música inédita y que no podremos detectar en otros medios de difusión?”

Y, entiendo que, esperando nuestra respuesta, simplemente sentencia “Es una música que ya nace muerta y acaba normalmente en esa casi clandestina explotación”.

Habiéndonos abierto su corazón, con esta cuita, confío en que todos le respondamos, arrojando alguna luz sobre tan intrincada cuestión que se plantea. Pudiera ser, digo yo de forma osada, que la maldad intrínseca de las televisiones lo estén haciendo como primer paso para, el día de mañana, o sea mañana mismo (cuando les toquemos un poco más las narices conque se lo están llevando crudo) quitar la música también de madrugada y volver a la situación anterior, en las que sólo teníamos a Raphael, que volvía por Navidad, y un poco del artista de moda, como el gran Alejandro Sanz, cuando estaba en promoción de nuevo disco, aderezado con unos cuantos artistas extranjeros, que también hacían promoción, cuando se vendían discos. Supongo que esa no será la explicación. Como a mí no me ha dotado el Señor como a él, que derrama clarividencia, y sabe lo que esos malandrines deberían programar (¿músicos gallegos, quizá?).

Me han dicho que el presidente lo sabe todo, y si no lo sabe él, lo saben sus asesores gallegos (meigas incluidas) por tanto no ignora que, salvo pacto en contrario, los derechos, incluida la música, de las obras audiovisuales pertenecen al productor y en el caso, improbable, que las cadenas de televisión decidiesen programar mayormente obras audiovisuales de las que controlasen los derechos, como productores, no cobrarían un “duro”, o euro, vaya, en sus editoriales, pero el volumen de repertorio SGAE usado sería mucho menor y, por tanto, la tarifa SGAE tendría que ser renegociada a la baja, mucho más, por cierto, que la rebaja que se les ha hecho (entre un 15 y un 25%, según las malas lenguas) a cambio de que se avengan a programar música con el criterio “justiciero” del actual Presidente SGAE. Menos mal que él lo sabe y no da puntada sin hilo, porque podríamos tener un serio problema…uno más, después de que la campaña por caerle bien a todo el mundo haya tenido el éxito anunciado con gran satisfacción, en la Asamblea, de que “la SGAE ya no es la bestia negra de los internautas”, lo cual a los más recalcitrantes internautas, seguidores del “todo gratis” y colectivos como “putasgae.com” les ha parecido maravilloso y de gente muy enrollada, no como los de antes. La de felicitaciones que hemos recibido por pasar de recaudar 120 millones de euros a 5. ¡Qué arte!

Ayssss, qué mal me siento por vivir de la música en vez de participar del grito generoso del Presidente de ¡Viva la música! porque yo me estoy forrando mientras que él, como dijo Felipe González “ha perdido su libertad para que la tengan los españoles”. El Presidente ha dicho que ganaba 30.000 euros al año de derechos de autor (aunque no fuese de canciones, porque de ahí se gana poco, sino posiblemente, de algo de tele gallega; yo, por ejemplo, del tema más conocido, número uno y tal y tal, sacaba como mucho 1.000 o 2.000 euros al año, sin embargo de las teles, de esa música “inaudible”, mucho mucho más) y ahora, el pobre, no podrá dedicarse a esos menesteres, y conformarse con el sueldecito SGAE.


PARTE II

• Un “resentido” me da dado una Coz

Y en estas, llega el batería de mi grupo y me espeta: Mira que un “resentido” te haya dado una coz. Claro, le pones al grupo un nombre tan poco conciliador que, como decían los chulapos “Vas en calesa, pidiendo guerra”, y pasa lo que pasa.

El grupo, o cuadrilla, hemos grabado varios conciertos, unos como Coz, otros como Irene Persa, El Zoco o Pinilla Blues Band - con cambios en la formación, que incluyen a la propia Irene y a Eduardo Pinilla (de Burning), junto con el guitarrista Miguel Ángel López Escámez (de Hara Kiri y Chino Banzai, entre otros), el bajista Jaime de Jesús (de Pinilla Blues Band), los baterías Pino Sambataro (de Bloque), Teo Suazo (de Leyenda Rural y Punto de Mira, entre otros) y Siddartha Lucas (de Cantajuegos), los teclistas Julio Martín (de Chenoa),y Fernando García (director musical de LA VOZ, curiosamente, teclista habitual detrás de una echadora de cartas, de esos programas tan denostados, en los que él no tiene la culpa de lo alto o bajo que ponen su interpretación) en fin, músicos que también son, como dice el Presidente: “autores (reales o presuntos) con nombres absolutamente desconocidos para el gran público” y que han tenido a bien colaborar conmigo para que yo dé salida a mis composiciones) que se emiten, canción por canción, en diferentes televisiones autonómicas, en esos horarios que alguno dice que son “antes o después del porno” y que constituyen las únicas apariciones que hemos tenido en televisión desde hace muchos, muchos años (de hecho, en los programas de Nochevieja, suelen poner “Más Sexy” o “Las chicas son guerreras” y siempre son la misma filmación, la de los 80; así que, ignorante de mí, estaba yo tan contento de esta “oportunidad” (como eterno “maletilla” que soy) que me brindaron, negociando como Dios me dio a entender.

¿Cómo se te ocurre – me inquiere el batería – participar en tan truculentas prácticas, sin haber tenido la bendición del actual Presidente SGAE, hombre de Dios? Porque esto que estamos haciendo, se lo había propuesto la SGAE a las teles, pero con CATA como productora, cuando el equipo anterior, y después, vía entrevistas del Jefe de Asesoría Jurídica, al menos eso dicen los barandas de las teles.

¿Es que, por ventura, desconoces, su sacrosanto empeño en convertirse en martillo de herejes? – continúa reprendiéndome el batería - ¿No eres consciente que frente a los infectos pececillos depredadores en esta charca/océano del “negocio musical” en la que está el esquilmado mar autoral, él es el gran tiburón blanco? (Me aclara que se permite esa chanza porque, el Presidente, parece tener un apetito feroz, entre alentar Galicia Caníbal y jalear a los que cocinan “Cristos” al horno)

¿Quién me lo iba a decir? – balbuceo intentando parar el “chorreo” - , Después de sobrevivir al régimen anterior, a la movida madrileña, siendo de Madrid y rockero, ignorado por la movida de Vigo, acusado de dinosaurio que no sabe evolucionar primero, cargar con el estigma de ser “muy comercial” después y, claro, ser repudiado por gurús y público, hacer malabarismos para mantener un grupo de pie, pagarte tus propios discos, hasta pagar por tocar, uno acepta lo que sea, por ejemplo, tocar en un espacio donde antes no había música.

En fin, todas esas “alegrías” de nuestro avatar - continúa, inasequible al desaliento, el furibundo batería - estaban, de alguna forma, en el guion, pero tenías que haber esperado lo que no esperabas (Ah, expect the unexpected, dicen los guiris) que de la misma sociedad a la que perteneces y contribuyes a dotar de fondos para defenderte, aparezca un “resentido” con aires de Sheriff del Oeste, o sea, digamos de Galicia, que le pega más, y en nombre de la refundación, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, decida, por ciencia infusa, quién es autor “real” y quién “presunto”, qué música merece la pena y cuál no y, con el corazón en la mano, señala a

“la minoría que se beneficia de esa rueda (algunos no dejan de ser víctimas de la propia trama) y los muchos que dan valor a esta profesión día a día; también los que malamente sobreviven a pesar de su gran talento. Y, por último, lo mejor de todo: esos autores por descubrir, que sudan en los locales de ensayo y en las escuelas de música y que no identifican nuestra SGAE como un instrumento útil; esos creadores a los que, tristemente, ni conoce la industria, ni el público, ni siquiera nosotros.”

Se me cae la cara de vergüenza al pensar que por mí culpa, por mi grandísima culpa, esos abnegados creadores a los que ni siquiera él conoce, estén privados de aparecer, aunque sea de forma “inaudible”, en algún programa de televisión.

Ya tengo claro que algo de todo esto no le gusta y que él va a parar “todo eso” (que yo que estoy metido en ello, no sé qué es, más allá de una empresa proveedora de música a empresarios que la aceptan) porque, claro, no se puede consentir comportamientos como el mío, como él muy bien denuncia:

“esos intermediarios (¿autores? ¿productores?) los que encabezan el ranking de compositores con mayor recaudación de SGAE con cantidades que restan ingresos al resto, tanto a los que dinamizan realmente la industria musical con ventas de soportes, conciertos multitudinarios y accesos legales a Internet (puestos de trabajo y valor añadido, en definitiva) como al nuevo talento que no logra aflorar o a los miles de autores de mérito constatado que no logran sobrevivir profesionalmente.”

¡Qué horror! ¡Qué estulticia! ¿Cómo habré osado, yo, que no tengo la categoría de los que el prócer respeta y considera “excelsos” o “magníficos” compositores, tampoco de los que “dinamizan realmente la industria musical”, ni de “los muchos que dan valor a esta profesión día a día” ni, por supuesto, “de esos autores por descubrir, que sudan en los locales de ensayo” ; aunque tampoco me veo como “niños y niñas que registran desde arreglos de Chopin hasta el más variado repertorio compositivo; o personas de la tercera edad o sin conocimiento musical alguno que han decidido revelar al mundo, de repente, su escondido talento”. Si, pudiera ser, si me miro con cierta prepotencia, de esos “prolíficos y titánicos autores que, de ser reales esos registros, merecerían la medalla al mérito autoral” pero, claro, tendría que reconocer que eso es gracias al trabajo en serie, de una factoría, de una empresa que pone los encargos y, una alianza de músicos, con “hardware y software” del siglo XXI, que literalmente “tocamos fondo”….de televisión, o sea damos salida a una producción musical con más o menos pretensiones.

Y es que, evidentemente, uno es lo que es, o sea, poca cosa, según más de uno, un mediocre, resultado de la “posguerra” y del “buscarse la vida” ayudado de esa picaresca de Rinconete y Cortadillo que nos distingue a muchos españoles. A mí me hubiese gustado salir, en este caso, a la palestra como en aquella asamblea en Hollywood, cuando la “caza de brujas” en que se levantó un maestro y dijo, modestamente: “Me llamo John Ford, y hago películas del Oeste”, pero claro, yo no soy John Ford, soy un don nadie intentando ganarse la vida con unas musiquillas que al Presidente le parece basura, pero que, en fin, que aunque quede ridículo, frente a este atropello, me levanto y digo: “Me llamo Juan López y hago canciones del Oeste, a veces inaudibles, reproducidas en horas intempestivas”.

Pero ¿Qué le vamos a hacer? ¡Alea jacta est! consumado, ya hace algún tiempo, el “18 de brumario”, el nuevo Napoleón va a acabar con la red de nuevos “tupamaros”:

“Esta red de intermediarios acaba taponando la lista del total general de la SGAE” (sic).

El socio 28.360, conocido autoralmente como Juan Márquez.
DNI: 50.265.429 X


http://www.sgae.es/viva-la-musica/

¡Viva la Música!

Sgae | 13 marzo, 2013


En tiempos anteriores al año 80 del siglo pasado, los órganos de gobierno de la SGAE estaban esencialmente controlados por un inefable colectivo de presuntos creadores conocido por el no menos exótico apelativo de los “tupamaros”. Gran parte de ellos eran militares músicos que combinaban la milicia con su trabajo en orquestas de baile y verbena. Si se repasan las recaudaciones de la SGAE de aquellos años, los repartos mayores no correspondían a los meritorios profesionales que alentaban la popularidad creciente de la música ligera y sinfónica de aquellas épocas oscuras y difíciles. Entre las obras de mayor recaudación se pueden encontrar enigmáticos títulos como El grillo amarillo. No se conoce musicólogo ni incluso oído humano que puedan acreditar las virtudes de tal obra. Muy fácil. El grillo amarillo era un título más de los cientos que los “tupamaros” manejaban en una perversa “rueda” de hojas programa cruzadas como declaración de obras “ejecutadas”(sic) por las múltiples orquestas de las que formaban parte. Por supuesto, estas piezas musicales no eran realmente interpretadas y esa recaudación así atribuida restaba (incluso podía anular) ingresos de derechos de autor que, en justicia, corresponderían al reconocible repertorio de música popular española que engrosa el imaginario colectivo de aquel tiempo. Cuando se logró que esos “grillos amarillos” (acumulaban cantidades ingentes de votos ponderados y representación) dejasen de controlar la SGAE, el crecimiento fue constante y exponencial para la entidad y los miles de autores que encontramos en esta casa la mejor defensa de nuestros derechos. Y así fue hasta que los sobresaltos se instalaron en la SGAE en los primeros años del siglo XXI.

Estamos, efectivamente, en un nuevo siglo. El grillo amarillo ya no aparece en el ranking de obras y/o autores con mayor recaudación en 2012. Sin embargo, si se revisa la lista de compositores con mejores ingresos del año pasado, se tiene que pasar antes por una creciente nómina de autores (reales o presuntos) con nombres absolutamente desconocidos para el gran público. Tampoco ese censo ignoto representa el asentamiento y promoción del nuevo talento que reclama a gritos nuestra industria musical y cultural. Esto merece una explicación que quiero abordar ahora.

El volumen de los derechos de los autores de la SGAE que provienen de las televisiones supone ya casi el 50% del total de nuestros ingresos sociales. Hasta el año 2007, el crecimiento económico de nuestra entidad fue paralelo al asentamiento del negocio de la televisión en España. Para amortizar las cantidades con que las emisoras televisivas retribuyen anualmente a los autores, estas han desarrollado al mismo tiempo sus propios negocios editoriales. Hasta ahí, nada que objetar a esa práctica legítima. La industria discográfica, en la medida en que invertía en la producción y el marketing de talento, también generó sus filiales editoriales. Los problemas surgen en uno y otro caso cuando se dan situaciones de abuso y dominio de mercado y los autores nos vemos presionados a aceptar cláusulas excesivas en cesión de porcentajes o tiempos de vigencia. En los últimos años, ha sido una conquista tácita (pero muy asentada) de los autores que la cesión del 50% a las editoriales no sea la práctica más habitual y esa división de porcentajes entre editor y autor sea producto de una negociación leal, en la que cada parte esgrima el valor de lo que aporta a ese contrato. Por lo tanto, es frecuente, y cada vez más, que los autores cedamos cantidades inferiores al 50% (el máximo legalmente cedible). Pero esto ocurre en el sector editorial no vinculado a la televisión (ya sean compañías independientes o transnacionales). Las editoriales dependientes de las cadenas, salvo contadas excepciones, sólo firman contratos con autores dispuestos a ceder el 50% de los derechos. Incluso, y aún peor, la producción de la mayor parte de la música que emiten es financiada por el 50% autoral, ya que las televisiones propician o, por lo menos, toleran (o simplemente se inhiben en el asunto) la intervención de una serie de intermediarios que pagan esa producción pactando cesiones de coautoría con los creadores reales. Es decir, el mundo al revés: los autores financiando a los editores.

Y son esos intermediarios (¿autores? ¿productores?) los que encabezan el ranking de compositores con mayor recaudación de SGAE con cantidades que restan ingresos al resto, tanto a los que dinamizan realmente la industria musical con ventas de soportes, conciertos multitudinarios y accesos legales a Internet (puestos de trabajo y valor añadido, en definitiva) como al nuevo talento que no logra aflorar o a los miles de autores de mérito constatado que no logran sobrevivir profesionalmente. La televisión, como lo fue la radio musical y lo es y será Internet, es una magnífica herramienta para la promoción de la música. Eso sí, utilizada con dignidad e inteligencia. Las televisiones, además, pagan un buen dinero a la SGAE por la disponibilidad de nuestro repertorio y esas cantidades se reparten de acuerdo al reglamento vigente y que, por supuesto, podemos soberanamente cambiar. Entiéndase que lo alarmante no es que magníficos creadores de música para el audiovisual consigan grandes ingresos provenientes de este reparto. La televisión es mejor con la mejor música (bandas sonoras, fondos, sintonías y jingles). Esta red de intermediarios acaba taponando la lista del total general de la SGAE; cada uno de ellos registra anualmente, y casi siempre por centenas, obras y coautorías imposibles de todo tipo (sinfónica, variedades, fondos, sintonías, etc.). Así, nos podemos encontrar con prolíficos y titánicos autores que, de ser reales esos registros, merecerían la medalla al mérito autoral; niños y niñas que registran desde arreglos de Chopin hasta el más variado repertorio compositivo; o personas de la tercera edad o sin conocimiento musical alguno que han decidido revelar al mundo, de repente, su escondido talento.
Las prácticas a las que se acoge esta red (que minimiza la exótica “rueda de los tupamaros”) son varias: utilizar dominio público y forzar a compositores a ceder la autoría total o parcial de los arreglos; cobrar irregularmente; cruzar repertorio (“en mi programa grabas una tuya y dos mías”); exigir los gastos de producción a los autores reales; falsear los títulos de las obras para burlar los límites del reglamento; imponer porcentajes fraudulentos de coautoría a los responsables efectivos de las músicas de fondo, jingles, sintonías de transición y cabecera y programas nocturnos; o enmascarar con nombres de testaferros las autorías y esquivar así los contratos editoriales de los verdaderos artistas. Pero todos tienen en común la cesión del 50% de los derechos a las editoriales de las televisiones, que así no sólo amortizan parte de lo que pagan a la SGAE, sino que consiguen sin gasto ni inversión algunos toda esa producción sostenida, en realidad, por el 50% autoral. ¿No es notablemente llamativa la proliferación de esas presuntas ambientaciones, apenas audibles, a cargo de pequeñas orquestinas en los magazines o en las tómbolas o tarots nocturnos? ¿Cómo se puede entender que, mientras las emisiones diurnas han desterrado los programas musicales, las madrugadas televisivas están repletas de música inédita y que no podremos detectar en otros medios de difusión? Es una música que ya nace muerta y acaba normalmente en esa casi clandestina explotación.

Como todas las prácticas sectarias y fronterizas con la legalidad, estos intermediarios (que concentran las mayores recaudaciones) apenas superan la docena y los tentáculos de sus más directos beneficiarios engloban a poco más de cincuenta autores (reales o presuntos). Concentran, sin embargo, con su entramado de testaferros y cesionarias un número muy relevante de votos que, como en la época de los “tupamaros”, aspiran a controlar la SGAE (si actuasen coordinadamente y los demás nos abstuviésemos, incluso, podrían lograrlo).

Es evidente que, en los últimos años, la crisis de la música (caída espectacular de las ventas de discos, las grabaciones y la música en directo), acentuada por el contexto general de recesión económica, ha propiciado que, para este reducido grupo de profesionales, esta sea casi la única vía de ingresos y la situación los haya llevado a aceptar todo tipo de concesiones. Incluso, algunas figuras del flamenco y del jazz integran esta red. Esos compañeros autores merecen nuestro mayor respeto y solidaridad, pero no más que los miles de compositores que no logran salir adelante de ningún modo o la excelsa nómina de figuras de la música que siguen generando riqueza real en nuestra maltrecha industria. La SGAE debe poner a disposición de todos sus socios (los que participan en esas redes y los que no) herramientas que los protejan de otorgar concesiones abusivas a las presiones de esa confusa trama de intermediarios y editoriales.

También merecen nuestro más absoluto respeto las compañías de televisión (tanto las privadas como las públicas), que sostienen con grandes esfuerzos presupuestarios su actividad y, desde luego, son legítimos sus negocios editoriales. Si aportan valor a la música, deben participar de los beneficios de la música. Pero nos referimos a valor real, no al enriquecimiento de esa docena de intermediarios ni a la supervivencia del medio centenar de autores beneficiarios de esas malas prácticas. A las cadenas les consta que la nueva SGAE sabe ser flexible y dialogante en momentos de crisis y caída libre de sus ingresos publicitarios. Lo hemos demostrado con realidades. También nos consta que, en la medida en que se han pactado con algunos operadores cláusulas de buenas prácticas, se van corrigiendo los usos viciados y se ha procedido a realizar investigaciones y auditorías internas. En muchos casos, los máximos responsables ejecutivos de esas compañías desconocen estos hábitos.

Afortunadamente, estamos muy a tiempo de superar estas irregularidades que nos perjudican a los autores y al conjunto de la industria musical. Incluyo en ella a las propias televisiones (sus editoriales también están asociadas a la SGAE). Y, antes de que estos métodos se generalicen y nos superen podemos tomar medidas. De forma serena, pero intensa y firme, entramos en un proceso de toma de decisiones que nos involucran a todos los socios y que nos exigen la mayor eficiencia en nuestros órganos de decisión y participación. Los detallo:

- El Consejo de Dirección de final de marzo analizará una propuesta de la Presidencia que atiende a la solicitud de nuestros servicios técnicos, que, después de una concienzuda investigación de las últimas recaudaciones, detectan indicios de irregularidades en las liquidaciones y registros de algunos socios. La propuesta se sustanciará en la apertura de un número limitado de expedientes disciplinarios. Entiéndase que se mantenga la confidencialidad sobre estos nombres porque en la nueva SGAE se respeta la presunción de inocencia.

- A propuesta del Presidente, la ponencia de la comisión de Reforma de Estatutos y Reglamento para la reunión del mes de marzo presentará una propuesta de cambios en el reparto de televisión respecto a la valoración de la llamada “ejecución humana secundaria” (los instrumentistas que, de forma inaudible, se adivinan en los magazines televisivos y los espacios de azar y otros servicios en las madrugadas). Esta reforma de reglamento, una vez debatida y analizada, deberá ser validada por Consejo y Junta Directiva.

- Después del debate y análisis en los colegios profesionales, la Junta Directiva del 9 de abril deberá aprobar o rechazar un posible acuerdo de ventana común con la entidad audiovisual DAMA. Aunque no está directamente ni originariamente orientada a la extinción de las malas prácticas televisivas, esta propuesta de acuerdo contempla la trazabilidad del reparto de los ingresos provenientes de televisión, que, a partir de tarifas diferenciadas para la música y el audiovisual (ya es así en la actualidad), revertiría en bolsas de distribución separadas para la música y el audiovisual. Esto contribuiría a una mayor claridad y transparencia de esos ingresos, al extinguir la bolsa común y confusa que se viene practicando y que es incoherente con las tarifas diferenciadas. En otro orden de cosas, de aprobarse ese acuerdo mejorará notablemente la posición estratégica de los autores de música y audiovisual respecto a los grandes usuarios y la industria americana.

- Durante el segundo trimestre del año, los trabajos de la comisión de Reforma de Estatutos y Reglamento se centrarán de forma prioritaria y global en las normas de reparto de los ingresos provenientes de televisión. Cuando la Junta Directiva que llegó a la SGAE en mayo pasado inició el camino de la transparencia absoluta se encontró con unas normas de reparto de los ingresos de estos derechos terriblemente confusas y complicadas; superar esa compleja opacidad y establecer criterios claros y comprensibles es un imperativo para la renovación. El justo valor de la creación autoral en televisión debe reconocerse con un reglamento que otorgue a cada guionista, director o músico el valor ecuánime de su aportación en virtud del esfuerzo, la audiencia y la franja horaria de emisión.

- Desde ya, y con mayor intensidad en los próximos meses, se abren cauces de diálogo para generalizar, perfeccionar y hacer seguimiento de los acuerdos de buenas prácticas editoriales en el conjunto de las televisiones. Sin interferir en su libertad de empresa, se ajustarán los límites de retorno editorial respecto a sus pagos a la SGAE por obtención de licencia. Para evitar situaciones de desigualdad de oportunidades, se les motivará para que amplíen notablemente la diversidad de su programación musical y contratación de repertorio y autores y para que coediten, subediten y firmen acuerdos temporales de participación de royalties editoriales o cualquier tipo de colaboración con otros derechohabientes (autores, productores, editores). Así se extinguirá la viciada práctica de que la producción de la música para televisión se financie, casi exclusivamente, sobre el 50% autoral. La promoción, implementación y dignificación de la música (con especial atención a la renovación de talento), así como la estabilidad laboral y profesional de los socios de la SGAE estará en la primera línea de este diálogo corporativo.

Todo esto, como bien podéis intuir, es un proceso de meses y por mucha serenidad, prudencia, reflexión y diálogo que compro__meta__mos es fácil suponer que la avaricia y ambición ilimitada de unos pocos tratarán de menoscabar y tensionar la unidad de todas y todos con múltiples maniobras. Invoco la dignidad autoral, generosidad y sentido común de toda la SGAE para superar con éxito esta fase. Estamos dando pasos firmes para superar la difícil situación de la que venimos: hemos ganado en transparencia, reconocimiento de la autoridad reguladora, la opinión pública y la industria cultural. Estamos democratizando esta casa (limitación de los poderes del presidente, descentralización, etcétera); recuperando lo mejor de los técnicos de la etapa anterior y remozando con savia nueva el staff ejecutivo; mejorando y reestructurando nuestro departamento de Artes Escénicas y saneando económicamente las deudas de las irregularidades del pasado (estamos consiguiendo aplicar todas las recomendaciones de la auditoría que aprobamos en 2012). Sería terrible que el_canto de este malamente resucitado “grillo amarillo” nos pertur__base__ ahora en nuestro decidido esfuerzo de regeneración.

Como en la época de la “rueda de los tupamaros”, los aprovechados invocan que esto es el sustento de las familias de muchos músicos. No eran tantos; acaso, una minoría privilegiada en el contexto de la España de los 60 y 70, que imagino especialmente dura para desarrollar la profesión de autor. Tampoco son tantos ahora; he dado algunos números y nuestra administración sigue elaborando informes. Pero me habéis hecho presidente para defender los intereses de todos los autores: la minoría que se beneficia de esa rueda (algunos no dejan de ser víctimas de la propia trama) y los muchos que dan valor a esta profesión día a día; también los que malamente sobreviven a pesar de su gran talento. Y, por último, lo mejor de todo: esos autores por descubrir, que sudan en los locales de ensayo y en las escuelas de música y que no identifican nuestra SGAE como un instrumento útil; esos creadores a los que, tristemente, ni conoce la industria, ni el público, ni siquiera nosotros.

Aquí me tenéis, como presidente y como autor, con el ofrecimiento de mi máxima sinceridad y disposición de diálogo. Por la transparencia. Por la creación. ¡Viva la música!

¡LARGA VIDA AL DERECHO DE AUTOR!

Antón Reixa
Presidente de la SGAE

RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DE D. RAMÓN ARCUSA

SIMPLEMENTE MISERABLE

“Inmensamente rico, inmensamente famoso, inmensamente histórico, y simplemente “miserable” (RAE, acepción 1. adj. Desdichado, infeliz.)

¿Dirigido a alguien particular? Pues sí y no; porque, para evitarme líos, podría hacer como “alguien” que lanza gravísimas acusaciones y baña de mierda a otros sin mojarse, mencionando nombres, emulando al humorista Gila cuando relataba como rindió a Jack El Destripador con “indirectas” como ¿Alguien ha matado a alguien” o ¡Aquí hay uno que es un asesino!.

Pero vamos, titulándose esta carta “Respuesta a D. Ramón Arcusa” más de uno podría pensar que va por él, y me pregunto ¿Por qué un prohombre, gran peso pesado de la composición y la producción musical, que tiene todo lo que cualquier mortal desearía, iba a sentirse “desdichado y/o infeliz”?.

Y digo yo, que si él fuese al que se describe (con coletilla RAE) pudiera ser que fuese porque, por una vez, su equipo de notables compositores de renombre, ha perdido una pequeña e insignificante batalla (el reparto de derechos de televisión; el resto de los derechos es abrumadoramente suyo, como siempre. Otra cosa es si la fastuosa gestión SGAE ha dado como resultado que sólo se ha recaudado en ese rublo) con 11 desconocidos (desconocidos a su vez entre sí) que en ese “annus horribilis” 2012 les han goleado (algo así como lo del Alcorcón 5 Real Madrid 0; aunque sería más bien 3 0 porque, esta tropa de indocumentados, sólo hemos triplicado a los siempre respetados “grandes nombres del pop español”) y lo hemos hecho porque su equipo no ha jugado, no han ido al campo, no ha presentado sus canciones, no se las han contratado, y ningún músico las ha interpretado. Resulta, además, que cada segundo de programación en televisión tiene nombre y apellidos, se recauda en acuerdo general pero la música se reparte (por la SGAE, no por las televisiones ni por nosotros) no por sondeo, sino por hoja programa, tanto se toca la pieza y/o canción, tanto le toca ese determinado autor. No se esquilma, por tanto, al resto de los socios.

Y quizá por eso, D. Ramón Arcusa, acusa (sin piedad, pero con las formas elegantes que da el poderío y el “buenismo”) a ese tropel de desconocidos, de ser una “Mafia, legal, de momento. (RAE, mafia: acepción 3: ‘Grupo organizado que trata de defender sus intereses’).” Que siguiendo con la comparación futbolística o futbolera, también era legal, de momento, el video del Barça llamando “hienas” a los del Madrid; y para mostrar al mundo que no es un “lapsus” o enajenación temporal debida a la “derrota” (también “temporal”) lo repite después, no olvidando, como hombre prudente y sagaz que es (por aquello de las demandas) añadir la coletilla RAE (por cierto, costumbre muy habitual en un muy ilustrado amigo mío, que fue y quizá, solo quizá, siga siendo, y que creo que no está detrás de esto, porque si así fuese, no me lo tome a mal, D. Ramón Arcusa, está carta estaría mejor dirigida a la yugular).

Por si la injuria y felonía, envueltas en celofán florentino, no fuese suficientes, D. Ramón Arcusa comparte con todos nosotros que “esto” le recuerda a….¡los Tupamaros! (Santa Águeda bendita nos proteja a los creyentes, y San Lenin a los otros) eso sí que es mentar “la bicha” y urgir presto a la batalla.

Muy bien traído, D. Ramón Arcusa, bien traído “a colación”, ya se sabe, Pisuerga, Valladolid… pero no se extrañe que algún malintencionado pudiera copiar sus tácticas; ayer mismo, sin ir más lejos, uno de esos sospechosos autores “desconocidos”, cuando le comenté que usted vivía en Florida, me dijo: “¿Florida? Ah, sí, me recuerda cuando Al Capone iba allí a montar casinos en barcos que rozaban la ilegalidad”. Ya ve usted, oh, prócer, cuanta maldad encierran algunos. También mencionó que olvida su eminencia esas pequeñas diferencias de que aquellos “innombrables” estaban en los órganos de dirección SGAE y falsificaban hojas programas con repertorio inexistente, y ninguno de esos extremos se da en el caso de esos 11 “interesados” (desconocidos, y desconocidos entre sí) de los que el vocero del Presidente SGAE, el periodista de El País, Daniel Verdú, me ha nombrado cabecilla y yo, coqueto de mí, hago como si lo fuera y escribo esta carta exculpatoria, apelando a la clemencia del dadivoso D. Ramón Arcusa, que tan nobles deseos muestra en su carta hacia los menos favorecidos.

Quizá, solo quizá, pudiera ser que, tanto tiempo en tierras lejanas, en medio de tantas lenguas, pueda haber turbado el criterio del insigne patricio y utilice “intermediarios” de forma incorrecta; repita conmigo, D. Ramón Arcusa, “pro-duc-to-res”, eso “productores”, esa digna actividad en la que usted es, también, un maestro.

Después, D. Ramón Arcusa nos da una lección de sabiduría y conocimiento, propagando el nuevo catecismo del actual Presidente SGAE y, sus consideraciones sobre lo que debería ser y no es, recordándonos, de paso, al maestro Rodrigo, que tuvo la ‘suerte’ de componer el Concierto de Aranjuez (¿suerte? ahí, se ha pasado usted unos pueblines, D. Ramón Arcusa) y porque su mérito… es mayor que el de otros” es el autor que más recauda, sin mencionar, para que no se malentienda que: claro que es el que más recauda ¡en discotecas! también (paradojas del sistema, lo llaman, pero explíqueselo usted a los que hacen música electrónica discotequera, que cobran “dos duros”)

Nos instruye, además, en cómo la gente, el pueblo (nosotros, vaya) debe elegir las músicas como fondo de sus vidas” no “inoculadas ficticia y artificialmente por personas que aprovechan un vacío normativo para beneficiarse con temas absolutamente desconocidos en su mayor parte”, para rematar, contundente: “Hay un vacío normativo de la SGAE que hay que revisar y actualizar”. Pues no le sigo D. Ramón Arcusa, después de constantes y numerosas modificaciones de las Normas de Reparto, siguiendo a cada reparto, cuando las cifras no se ajustaban a los deseos de los que estaban al mando, para beneficiar a la “pobrecita” música sinfónica (que ha disfrutado de mucha ayuda, comprensión, y discriminación positiva en los repartos, por parte SGAE), a las sardanas, sevillanas, las lenguas vernáculas y al “copón de la baraja”, ahora resulta que hay un vacío normativo porque su equipo de notables ha perdido, por una vez, un partidillo sin importancia.

Le recuerdo, D. Ramón Arcusa, que en alguna ocasión, e instigado por los mismos que ahora reclaman este cambio normativo (editores de repertorio internacional) se discutió, en Consejo y/o Junta Directiva, la posibilidad de establecer categorías de repertorio, música de segunda o tercera categoría (vaya, lo que usted propone ahora) para resolver el “problema” puntual, entonces, que los teloneros de los “grandes conciertos” cobraban igual que los “cabeza de cartel”; y ni siquiera el tan denostado “equipo anterior” se atrevió a cometer semejante aberración (que se resolvió en la práctica con que los “teloneros” tocaban menos tiempo que los “notables”). Adicionalmente, algunos comprendieron que el telonero de hoy puede ser el notable de mañana, siendo su música la misma (¿le cambiamos entonces la categoría? ¡menudo engendro!) Y, volviendo al tema que nos ocupa, la música que algunos llaman “inaudible” hoy puede llenar estadios mañana (respecto a lo de “inaudible”, pudiera ser que algunos de los críticos necesiten “sonotones”).

Supongo que, a pesar de su ciencia infusa, usted desconoce (no va a saberlo todo) que yo hago modestos conciertos, grabados en directo y que se emiten en esas “madrugadas” en las que todos ustedes saben que nadie los escucha pero, también, compongo música “de fondo” que adereza y/o acompaña espacios varios, de día y de noche, algunos de los cuales se emiten en su adorado “prime time” y en algunos de los cuales aparecen algunos de sus producidos, aunque no su música, ni por motivos musicales si no, más bien, por historias de amoríos, viboreo y verdulería, que es lo que parece privar a la audiencia. También me permito recordarle que, ya que menciona de pasada los niños o niñas que hacen arreglos de Chopin, le aclaro que yo, por ejemplo, no soy un niño (tampoco niña) soy, como usted, un señor mayor, que, casualmente, cuando se produjo el desembarco SGAE en el dominio público (estando de Consejero, no usted, sino la otra mitad del Dúo Dinámico, D. Manuel de la Calva, que ahí sigue) en el caso de los arreglos de los Cantos Gregorianos de los Monjes de Silos, fui yo quien se opuso, en defensa del Dominio Público, y la gran mayoría de la Junta voto a favor de que ahí, en los cantos gregorianos, había arreglos (acentos en las neumas, dijeron) y el 100% de los derechos fue a una editorial “amiga”. De aquellos “interesantes” debates salí bastante “despellejado”, como puede que vuelva a salir ahora, gracias a su motivación, la del actual Presidente SGAE, y algunos otros que (aparte de los envidiosillos, que haberlos, hailos) afilan las hachas y acumulan leña para prender la hoguera en que la nueva Santa Inquisición va a celebrar Autos de fe del Copyright.

Habrá que alabarle la galanura y buenas maneras al declarar que cuando recibió usted la “carta” de su alabado Presidente SGAE (yo, por motivos obvios, ya no puedo considerarlo así) le llegaron, también, algunas nuestras, que usted puntilloso, califica de “cartas/quejas” que, muy considerado, también ha leído ¡qué detallazo! Aunque ninguno de nuestros “cienes y cienes” de puntos (en esos cansinos e interminables “testamentos” con los que yo me descuelgo, cada vez que, como el ministro Wert, me crezco con el castigo) parece haber hecho mella en su encendido ánimo de defensa del providencial “leader” al que presta usted vasallaje en este caso (el mismo díscolo malintencionada autor “desconocido” que dijo lo de Florida, me dijo: “La política hace extraños compañeros de cama; un atildado y elegante hombre de derechas de la mano de un zafio talibán de izquierda nacionalista”(ya lo he reprendido, también, pero la verdad no sé qué quería decir, porque la RAE no me lo aclara). Y digo decepción porque, cuando el Presidente SGAE salió volando (literalmente, en las dos acepciones) hacia Miami (posiblemente en business class, como debe ser; eso sí, gastando el dinero SGAE, permítame que diga de todos, un poquito mío también, para urdir algo contra mí y la “dirty dozen” que al parecer somos solo 11, unos “Ocean´s eleven” de andar por casa, sin George Cloony ni Brad Pitt, además) para reclamar ayuda de los “notables” para atajar el descontento de la chusma que yo “acaudillo”, pensé que, como no debía ser de otra manera, iría a verle a usted el primero ¡por favor! Y resulta que no, que esta iniciativa se le ha ocurrido a usted solito ¡qué grande es usted, D. Ramón Arcusa! Aunque la cantante de mí grupo, licenciada en Bellas Artes, y modesta compositora, me dice que está harta de “grandes”, como el actual Presidente SGAE, harta de tanto “talludito” que dice preocuparse tanto por los jóvenes, a los que luego les niegan el pan y la sal, en cuanto algo les toca el bolsillo y/o los intereses echándose mano a la pistola (la de pegar tiros epistolares en este caso).

Pues nada, D. Ramón Arcusa, siga usted apoyando la cruzada “anti trampa”, anti “canciones fantasma” y “anti éxitos”, “anti desconocidos”, a favor de lo “ya conocidos”, cambiando algo del Reglamento para que todo siga igual o al menos, a gusto de los editores de las multinacionales, en esta “miserable” (¿acepción 4 RAE?) guerra entre “miserables” (repito: (RAE, miserable, acepción 1. adj. Desdichado, infeliz.).

Atentamente,

Juan Márquez





CARTA ABIERTA A LOS SOCIOS DE SGAE Y MÚSICOS.

Escribe: Ramón Arcusa

http://autoresdemusicaasociados.blogspot.com.es/2013/03/carta-abierta-los-socios-de-sgae-y.html

Estimados socios, amigos músicos,
Parece que se ha creado un mar de fondo sobre el asunto de cierta música escrita para televisión. Se ha despertado la bicha, y me parece bien: hay que afrontar y dar solución a los problemas. La SGAE lleva más de cien años resolviéndolos. Y como dice un refrán japonés, ‘desconocer una verdad, me hace esclavo de una mentira’.

Por un lado, me estaban llegando rumores. Luego, y como todos, he recibido la carta de nuestro presidente, Antón Reixa, donde expone su punto de vista –tiene la obligación de hacerlo, y de afrontar los problemas, es parte de su cometido-, así como también me han llegado diversas cartas/quejas de varios autores, probablemente interesados, que también he leído. Digo interesados ellos, aunque interesados lo somos todos. Una mala gestión por parte de la SGAE, o un mal reparto redunda en perjuicio de todos, o beneficia a unos más que a otros, que es lo mismo. Y la gestión del reparto es, simplemente, fundamental.

Este asunto me recuerda a los 'tupamaros' de los 70, y de lo que costó, con Teddy Bautista a la cabeza -hay que reconocérselo, yo era consejero entonces-, deshacer la rueda ilegal que unos cuantos se habían montado en perjuicio de otros. Tampoco a primera vista era ilegal, aunque sí lo eran sus incorrectas declaraciones de los temas interpretados.

La SGAE no es una ONG. Es una sociedad de gestión, donde hay autores que ganan más que otros, porque su mérito(de merecer: talento en primer lugar, su esfuerzo, y la suerte, si me apuráis), es mayor que el de otros. Yo no pretendo cobrar como Alejandro Sanz o como el maestro Rodrigo, que tuvo la ‘suerte’ de componer el Concierto de Aranjuez, que por si no lo sabéis, fue, y lo es aún, año tras año, el socio de nuestra entidad que más derechos genera en la SGAE. Creo como principio, y es obvio, que cada uno debe cobrar lo que se merece. Y la SGAE debe recaudar los derechos y repartirlos de forma justa. Las cosas van cambiando, y hay que ir afinando conceptos, miremos lo que ha supuesto Internet y cómo ha cambiado nuestras vidas y nuestra economía.

No puedo estar más de acuerdo en el fondo de lo que expresa Reixa en su última carta a los socios '¡Viva la música!'. Por una razón muy simple, y es que los derechos de autor se recaudan por los méritos adquiridos a nivel popular de sus autores, sea por ventas de discos o porque el público elija esas músicas en sus diversas formas de uso como fondo de sus vidas, no inoculadas ficticia y artificialmente por personas que aprovechan un vacío normativo para beneficiarse con temas absolutamente desconocidos en su mayor parte. Hay un vacío normativo de la SGAE que hay que revisar y actualizar.

Antes de nada, me cuidaré muy mucho de culpabilizar a nadie de haberse beneficiado de una norma que, de momento, cumple dentro de la legalidad. Pero hecha la ley, hecha la trampa.

La trampa está en creer –y defender- que todas las canciones valen igual interpretadas en cualquier horario televisivo. Porque, por sentido común, no puede tener el mismo valor autoral una canción o una música interpretada -por poner un ejemplo drástico-, a las 10 de la noche de un 31 de diciembre, en prime time en una TV -que lo estará por méritos propios-, que otra tocada de forma oscura como fondo de una palabrería a las 5 de la madrugada de un día cualquiera, que ni siquiera es identificable y que ha sido inducida sin ninguna clase de méritos conocidos, con el beneplácito de unos autores, colaboradores necesarios, que también son explotados por esa nueva mafia. Mafia, legal, de momento. (RAE, mafia: acepción 3: ‘Grupo organizado que trata de defender sus intereses’).

La trampa está en que, aprovechando una laguna normativa interna de la SGAE, ha habido personas -ajenas muchas al mundo de la música y/o autoral- que han montado un chiringuito, y ocupado espacios con canciones absolutamente desconocidas, creadas ex profeso para esta misión, y que han logrado copar la mayor parte de los recursos económicos que las televisiones –todas ellas, incluso ‘la de todos’-, abonan anualmente a la SGAE por el uso del repertorio de sus autores.
La trampa está en que, aunque algunos autores de paso se benefician, hay entidades -editoriales de esas canciones fantasma- ¡que recaudan millones de euros por ‘editar’anti-éxitos...! Y lo peor es que con los votos –inmerecidos- por sus recaudaciones –inmerecidas también- pueden llegar incluso a decidir votaciones en otras cuestiones más importantes que afectarían a todos los socios. Esto es un sinsentido, y hay que atajarlo.

La trampa está en que esos intermediarios, que ni siquiera son autores, que lo organizan todo, se benefician de parte de los derechos que corresponderían, vaya descubrimiento… a los autores. Intermediarios que, además, obligan al autor a ceder los temas en unas condiciones que no aceptarían en una situación oferta/demanda, cuando lo que impera es el valor de la posible explotación real en un mercado real. O que incluso les obligan a pagar la producción de la grabación para entrar en la ‘rueda’. Esos intermediarios cobran parte de nuestros derechos por organizar esa mafia (repito: acepción 3 de la RAE).

Hay otras prácticas –trampas de nuevo, aunque estas de carácter interno de la SGAE e ilegales- que se han saltado otras normas ya tipificadas, como es el registro de varios títulos distintos para las mismas músicas, y adjudicados a todo tipo de familiares –para incluir el mismo tema varias veces en las planillas sin que llamen la atención-,incluso ¡compuestos por niños de corta edad!, y otras prácticas que creo que la SGAE está investigando, y que hace bien en hacerlo, pero no es el tema que nos ocupa.

Por eso creo, como muchos autores con los que he hablado, y como propone Reixa, que es necesario hacer una seria revisión por parte de los técnicos de SGAE y generar un nuevo tipo de reparto más equitativo, ajustado y acorde con los principios del sentido común, es decir, con el baremo de la audiencia media o del precio por minuto de publicidad en cada franja horaria, y de si la música es principal o es comparsa:eso sería un argumento imbatible a contemplar. No se trata de que los que en este momento se benefician de ese vacío normativo dejen de cobrar, sino de que lo hagan adecuada y proporcionalmente a sus méritos reales, no a (de)méritos ficticiamente conseguidos. Tampoco estoy en absoluto de acuerdo en penalizar con carácter retroactivo si se cambian las normas.

Cuando alguien cobra indebidamente de una misma caja, otros, quizá tú, amigo socio, dejas de percibir lo que hubiera sido tuyo. Espero que esta idea que expongo sea compartida por la mayoría de autores, y se obre en justicia. Y espero también, que la ‘oposición’ responsable que ejercen algunos consejeros de la SGAE tenga el sentido común de no boicotear esta propuesta, en beneficio de la música de todos, no sólo de la de unos cuantos.

Saludos, Ramón Arcusa.



*Carta Abierta al Presidente SGAE http://www.coz.es/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=268&Itemid=107
que incluye el comunicado del Presidente SGAE, retirado posteriormente:
http://www.sgae.es/viva-la-musica/ ¡Viva la Música! Sgae | 13 marzo, 2013

*La música que más recauda no le sonará a usted de nada

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/15/actualidad/1363380899_078784.html

*Comentarios de Juan Márquez al articulo “La semana de furia de Reixa”( por el periodista Daniel Verdú) http://www.coz.es/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=269&Itemid=107

*Artículo EL PAIS: (http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/23/actualidad/1364061187_300139.html )

*Juan Márquez contra Antón Reixa, un duelo que decidirá el futuro de la SGAE

http://www.elboletin.com/index.php?noticia=72269&name=medios

*Juan Marquéz acusa a‘El País’ de tomar partido por Antón Reixa…SGAE

http://www.elboletin.com/index.php?noticia=72756&name=contraportada

*Guerra entre históricos en la SGAE: el guitarrista de Asfalto contra el bajista de Coz http://www.elboletin.com/index.php?noticia=72660&name=Contraportada

*El compositor y cantante del grupo Coz contesta al Presidente SGAE

http://www.umtrade.org/noticia_13898-el-compositor-y-cantante-del-grupo-coz-contesta-al-pres.html

*Quien es quien en la SGAE. Por Liz Perales

http://www.elcultural.es/blogs/stanislavblog/2013/07/quien-es-quien-en-la-sgae/



www.coz.es



Las mentiras del “barquero” agit-prop

Contestando al libelo anónimo-desenmascarado-agit-prop de “las verdades del barquero”



Vas de “pinchazo” en “pinchazo”, mentiroso barquero cuyas “verdades” huelen a todo menos a “flower power”, más bien a pútrida pluma de alquiler con aroma de cucharilla quemada de heroína, al servicio del ocelote arreador de vacas que, por ahora, detenta el poder SGAE, y del que hasta tú, siervo intrigante, estás dando por amortizado, pero de lo que esperas cumplida recompensa (venga del muñidor real -aún por revelarse: ¿PPérez?- o los urdidores DamaVisuales, u otros impostores como tú).



¿No serás tú uno de esos que nunca antes habían hecho nada (que sepamos) por SGAE (como Reixa hasta que olió la sangre) y pincharon, o se pincharon, cuando aparecieron (o reaparecieron en este mundo) en asamblea SGAE haciendo méritos frente a Teddy Bautista para ser incluidos en la lista oficial de candidatos a las elecciones de consejeros? Lástima que la gloria conseguida peloteando al entonces líder fuese tan efímera que se desvaneció en la hecatombe de la Guardia Civil saltando la tapia del Palacio de Longoria, acabando con tus sueños de convertirte en prócer insigne, dejándote, eso sí, por un breve tiempo, en patético miembro de una Junta Directiva que no dirigía.



Ahora vuelves a pinchar, o pincharte, pinchando, o intentando pinchar, la reputación de Mónica Valderrama cuando con sorna escribes que “nuestra querida Mónica “juega” a ser; no estúpido, no juega, es, el azote de Reixa (que en una de esas morirá, en sus propias babas, de un ataque de misoginia). Y si Mónica se apunta un tanto, al margen de merecido, no será porque tu Vito Corleone “pondrá pies en polvorosa”, sino porque le habrán obligado a irse, en eso que los tergiversadores como tú llaman “una salida honorable”, a alguien que, usando tus palabras, me ha “expedientado, que se le abran diligencias, que sea llevado a la hoguera o a la guillotina”. Y si se va, o le dimiten, que no se vaya lejos, que va a tener que volver a responder de muchas tropelías.



Voy (por fin ¡alégrate, miserable!) a salir al paso de tu nada novedosa (repetida según el Principio de Orquestación enunciado por Goebbels) vomitiva insidia, esta vez contra Mónica, habiendo yo, hasta ahora, pasado de tu lastimosa campaña de “difamación al dictado” sin argumentos más allá de tu nada elaborada bazofia demagógica contra los que logran tener éxito en su trabajo. La verdad, no pensaba molestarme en contestar los babosos insultos de un energúmeno que lee tan rematadamente mal como para confundirme con “Simono” (“Si no mamo” escupe el florido podrido verbo del sabandija a sueldo en que te has convertido) pero dado que tu “trilero” Reixa se ha recubierto de un manto hecho con “cienes y cienes” de dietas y fondos de libre disposición que, por debajo de 6000 euros no pasan control y, esa “pequeña” compensación, le permite aguantar estoico (aunque sonrojado de ira por no poder mostrarse como el zafio incontinente verbal en que suele convertirse con sus “subordinados”) cuando se le suelta en la cara firmes y fundadas acusaciones (no como tus difamadoras diatribas) sin contestar, esperando que pase el mal trago que le damos, entre otros Mónica y yo, sin escondernos detrás de un falaz anónimo, con argumentos y sin recibir respuestas, pues voy a perder un poco de mi precioso tiempo (de ese que aprovecho para hacer esos miles de “composiciones” que te sacan tanto de quicio) para contarte un par de cosas (y así haces méritos al contarle a tu “padrino” que algo “cuentas”, y que luego el “heredero” te dé un puestecito en SGAE, para seguir con vuestra práctica habitual) para que después no podáis decir que no os había explicado mi postura, cuando nos veamos ante “el de negro”, y tengáis que justificar tanta difamación.



Yo soy productor de audiovisuales. Parece mentira (lo parece, y lo es) que no sepáis lo que es eso y lo llaméis “intermediario”, siendo tu jefe un experto en acaparar subvenciones para producir obras audiovisuales (aunque con escaso éxito, hay que decir; en el resultado, no en lo de “afanar” subvenciones) actividad a la que ha dedicado los últimos 30 años, desde que dejó de ser “punky”, y por eso recibió encargo y/o apoyo para el asalto de los Damavisuales a la ”vieja” SGAE, aunque como no tenía votos suficientes, como audiovisual, tuvo que rescatar la capa de músico.



Supongo que, como tu jefe, también ignoras que según la LPI los derechos de la obra audiovisual son del productor, salvo pacto en contrario. Como soy generoso, sobretodo conmigo mismo que también soy autor (o co-autor o asalariado, dependiendo del caso) de las obras que produzco, decidí que como SGAE, que con su monopolio de hecho instaura las normas que le convienen, no me pagaría los rendimientos de mis obras como productor (que, sin embargo, recauda) concedería a mis asalariados la facultad de reservarse derechos y que pudiésemos cobrar (como autores) los derechos generados que, de otra forma, irían a engrosar la ya rebosante bolsa de los editores multinacionales . A tu jefe parece gustarle mucho esta última opción y, como productor, vivir de las subvenciones, como esos productores y directores de cine que hacían películas que se estrenab
 
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