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JOSÉ LUÍS MARTÍNEZ- Travesura (1989) PDF Imprimir E-Mail

TRABESURA  Madrid, Verano del 89

El calor de Agosto, como un castigo, azotaba la piel del hombre que, sin rumbo fijo, deambulaba por las calles tratando de encontrar algo que ni siquiera buscaba. Mientras caminaba, daba vueltas a su cabeza intentando dar con la palabra que, por si misma, definiera con rotundidad el estado de ánimo que le embargaba. ¿Aburrimiento? 

Un callejón, tan estrecho que ni siquiera en ese tiempo recibía los rayos del sol, le proporcionó un momentáneo respiro con su agradable frescor. Ralentizó el paso mientras buscaba en sus bolsillos un cigarrillo. Lo tenía entre sus labios y aspiraba la primera bocanada cuando se dio cuenta de su error. Sigilosos como serpientes, un par de tipos habían seguido sus pasos desde la entrada en el callejón. Observó al de su izquierda, de baja estatura, pelo rubio, ojos claros y una cínica sonrisa deformando sus labios - Un elemento de cuidado - calibró al momento, mientras su mirada se posaba en el otro sujeto. Algo más alto, ensortijado el cabello castaño que enmarcaba un rostro de cadavérica palidez, eran sin embargo sus ojos los que se clavaban en el alma provocando en el hombre un escalofrío. Y es que la mirada del hombre que le tapaba una hipotética huida, en el centro de aquel tubo, era la de un tiburón. Fue sin embargo, al observarlos en conjunto, cuando el hombre sintió que la poca saliva que le quedaba en la boca se secaba de golpe y la sensación de axfisia se apoderó de él.

"Cuarenta grados a la sombra, los lagartos con gorra y gafas de sol... y aquellos tipos... ¡llevaban gabardina!. 

Por fin, el rubio bajito inició lentamente un movimiento con su mano derecha llevándola al bolsillo. A través de la tela se podía apreciar que asía un objeto duro que orientaba hacia el pardillo. En ese momento, la voz del pálido rompió el silencio del callejón semejando el chasquido de un látigo. - Qué - gruñó - ¿Grabamos un disco? - 

La historia de Trabesura, como la de Cenicienta, podría contarse en cinco minutos si no fuera porque, en este caso, la palabra fin aún no se ha escrito, las perdices siguen en el horno esperando ser devoradas y el zapato de cristal continúa en la mano del príncipe soportando prueba tras prueba a la búsqueda del definitivo pie. Juan Márquez (bajo y voz), Eduardo Pinilla (guitarras) y Mario de Benito (teclados y programación), tejieron durante el verano del 89, el vestido (L.P.) que les permitiera ir con decoro a las fiestas del palacio (mercado discográfico)ayudados por el hada madrina (Jingle Récords), cada uno de ellos con muy diversos motivos y el mismo sueño.    

Vestidos con su primer single (Animal en extinción) se presentaron en sociedad. Los nobles de la corte, alucinados por la frescura del tema, Pop-Rock genuino y auténtico, comenzaron a programarlo en las emisoras del reino, las cámaras de T.V. les buscaron allá donde estuvieran y, las buenas gentes, bailaron el tema en prados y bosques, envueltos en la densidad de los teclados de M.B., aguijoneados por la guitarra magistral de E.P. y sorprendidos por la historia que el juglar J.M. les contaba con su inimitable voz. Hasta los gnomos en sus grutas tarareaban como posesos aquello de "Soy un animaalll... en extincíóóón...". 

Y llegó la fiesta más suntuosa. En un palacio de Logroño, en la Navidad, los nobles más importantes se reunieron para premiar a los mejores del año. El último día, un engalanado Iberpop, con sus luces, colores y canapés de salmón fumé, hacia realidad los sueños de damas, caballeros, dragones y doncellas. "Y el premio al mejor video-clip del año... es para... TRABESURA". 

El segundo vestido (As de la Persecución), fue acogido aún mejor. Los teclados, más dulces, los coros calentorros y un solo de guitarra que pega directamente en el estómago, hicieron que el single saltara aún mas alto en las listas de los nobles. Y todo el pueblo sintió en la nuca el aliento de J.M. persiguiéndoles sin cesar. "Soy el jefe de los espías, el as de la persecución..." 

Y llegó la primavera. Y llegará el verano. Y Trabesura, la Cenicienta de nuestro cuento, con un nuevo vestido (Mejor que yo), paseará por el reino y actuará en directo en fiestas, juegos florales, torneos y romerías. Es la última de las pruebas. ¿La superará?. 

Os decíamos al principio que este cuento no tiene final. Simplemente se interrumpe. Trabesura, La Cenicienta, ha sorprendido al reino con la frescura de su música, sus cuidados textos, su personalidad. Pueden romper con su álbum, meter el pie en el zapato de cristal y quedarse a vivir en palacio o, simplemente, volver a tejer vestidos mientras sacan las castañas del fuego a las hermanastras de turno. Sería una pena. 

José Luís Martínez

 
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