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ENRIQUE BALLESTEROS - BIOGRAFIA PDF Imprimir E-Mail

Nacido en el Madrid, no de Las Vistillas si no del barrio Salamanca, Enrique Ballesteros ha sido bateria de "SCHOCK", "PLAYERS", "FLOR Y NATA", los miticos"Blue Bar" (los CREAM españoles, con Salvador Dominguez), "DON FALISMIN", ni mas ni menos que "ÑU" (del gran Jose Carlos Molina), "CRATER", "PIRAMIDE", "ETC" (con Javier Esteve), "BANZAI" (otra vez con Salvador Dominguez), "BELLA BESTIA" y, finalmente, desde 1984, COZ. 

                                                     Enrique Ballesteros

Enrique contestaba asi a las preguntas de Heavy Rock...

ENRIQUE BALLESTEROS

O LAS MEMORIAS DE UN ROCKERO ESPAÑOL   -    Heavy Rock # 24  (1985)

 

Ahora es relativamente fácil formar un grupo sin que la gente de la calle le parezca que  estás chalado o eres un borracho o drogadicto, cuando no un delincuente. Unos años atrás el asunto resultaba mucho más crudo porque los músicos de rock no solo se veían rechazados por acusaciones del tipo ya citados sino que además casi habían de mendigar para mantener una existencia mínimamente digna. Aparte, claro, estaba el hecho incuestionable de la negativa de los medios de comunicación a apoyar otra cosa que no fueran los solistas de baladas estúpidamente románticas. En definitiva: el triste destino del rockero español de finales de los 60 y principios de los 70 era ver como sus ilusiones  se estrellaban contra todas las puertas, siempre cerradas a sus llamadas. De todo esto puede hablar – y mucho mejor que yo – el veterano batería Enrique Ballesteros, cuyas aventuras eran dignas de figurar en esta revista.

 

Comparando pasadas épocas con la que actualmente vivimos, existen los pros y los contras: “Ahora mismo y teóricamente existen mas bandas y sitios para tocar. Pero no hay que engañarse: antes las salas siempre estaban abiertas para los grupos de todo tipo de música  y, además, varios días a la semana. En la actualidad, lo que sí es cierto es que hay más ambiente, la gente está más informada porque escucha más música. Pero, por contra, se mira más por el dinero. Hay demasiados intereses en juego. Además no se llenan los conciertos. Es algo que no entiendo, a no ser que recurramos a la crisis económica. Puede haber otras circunstancias que lo causen: quizá nos hayamos vuelto más cómodos por efecto del video o de tener más discos en tu colección. El caso es que nadie se mueve unos kilómetros para asistir a algún show, a no ser que se trate de una superfigura”.

 

                                                           Enrique Ballesteros y Cutu de la Puente 

 

 

Respecto a las galas, antes los grupos trabajaban con varios representantes y no había interferencias entre ellos. Ahora hay una especie de acuerdo tácito y no solo a nivel manager: si trabajas para mí, no se te ocurra hacerlo para otro. Es una especie de exclusividad que nos agobia porque si tu oficina no te da trabajo lógicamente buscas otra opción y es ahí donde te la cargas. Es un circulo vicioso y absurdo”.

   

Enrique tiene una curiosa anécdota que determinó en parte su condición de baqueteador profesional: “ A los siete años me tocó un tambor en una rifa y me pasaba con él las horas muertas, “castigando” los oídos de mi familia. Realmente mi pasión por la batería me viene de los 12 o 13 años cuando acostumbraba a ir a veranear a un pueblo muy bonito, Altea. Yo ya compraba mis discos, pero allí tocaban grupos profesionales en unos jardines. Escuchaba especialmente la batería y un día me puse a dar los primeros toques a la de un conocido. Por aquel entonces, alucinaba con las dos motos que tenía: una de 49 c.c. y otra de 74. Con la venta de las dos y una pequeña ayuda de mi madre, me compré una batería que me costó unas 10.000 pesetas. Tenía todos los parches de cuero y un chaston que no era más grande que un huevo frito. Era de color azul muy brillante, que resultaba horroroso. Parecía de circo. Pero era muy divertido”.  

 

Y comienza el peregrinaje por grupos y cortos periodos: “Empecé a tocar junto a unos amiguetes del barrio. Teníamos 15 o 16 años y hacíamos versiones de gente en boga como los Shadows o algún rock and roll de Chuck Berry. Tocábamos en colegios e incluso llegamos a hacerlo en una discoteca. No recuerdo el nombre de aquel mi primer conjunto, pero si puedo decir que ninguno de mis compañeros está en la música. Esporádicamente, pero aún veo a alguno de ellos”.

 

“Poco después conseguí, trapicheando más que nada y por muy buen precio, una batería de marca española. Era de segunda mano, pero sonaba muy bien. Me metí en el; grupo Schock, más serio que el anterior. Solo duramos unos meses”.   

 

“Me reuní seguidamente otra vez con la gente de mi barrio, que ahora tenía mejor equipo que la vez anterior. Nos llamábamos Players y tuvimos algunas actuaciones fuertes. Versioneabamos temas de Monkeys, Spencer Davis Group o los Kinks. Por aquella época ya sonaban mucho Cream, Iron Buterfly, Chicago, Hendrix...eran los inicios del llamado underground”.

 

“Entonces me compré una batería Ludwig y ya no he cambiado más de modelo. Además participé en una banda ya bastante conocida e importante: Flor y Nata. Era una banda ya profesional. Tocamos mucho y fue una experiencia de la que aprendí cantidad. Hicimos algún tema propio. Llegamos a acompañar a algún solista porque también nos gustaba hacerlo. No había por entonces esa tensión que luego hubo entre solistas y grupos”.

 

 

Y llega el momento de plantearse la definitiva dirección que se va a tomar para el futuro: “Se produjo un giro en mi forma de ser, no sé si por la edad o por la propia música. El caso es que me decidí por el rock definitivamente. Conocía las bandas como Cerebrum y Smash y eso era lo que más me llenaba”.

 

“Nos juntamos una serie de gente que considero muy significativa para la movida: Salvador Domínguez, José María Pellico, Chema y yo. Sucedió hacia el 72 o 73 y la gente se sintió bastante identificada con nosotros. Se llamó Blue Bar y por allí pasarían músicos tan representativos como Armando de Castro. Eran temas propios en la línea de hard rock y versiones de temas muy celebrados. La última formación fue Chema y yo, mas Jose Decler y un cantante llamado Pedro Talavera que militó en Simun y Arkhan. Finalmente, decidimos disolvernos.

 

“Luego tuve algunas experiencias en plan sinfónico. Siempre me han gustado grupos como Yes o Génesis, triunfantes por aquella época. Don Falismin se llamaba  la banda y también estaba José “El Simi” (que luego sería el segundo guitarra de  Ñu) y Juan Lacal, que aún continua cantando. Era un grupo experimental con temas propios”.

 

Una etapa nunca desechable es la que pasa junto a Ñu: “Junto a Jose Carlos Molina y Rosendo, hicimos muchas galas. Fue muy divertido y agradable. ¿Las locuras de José Carlos? Quizá seamos los demás los que no estamos cuerdos. Por una cuestión de management decidí marcharme. De inmediato formé Crater con Tibu y Javier Vargas. Tuvimos varios cantantes, pero sin decidirnos por ninguno. Sin embargo, nuestras expectativas de grabar un disco se vieron defraudadas y dejamos el grupo en suspenso. Nos fuimos cada unos por su cuenta”.

 

Tampoco se olvidó Enrique del tecnicismo de jazz-rock: “En efecto, con “Pirámide” nos metimos un poco en ese estilo. También hicimos algo de funky. La onda podría ser de Di Meola o Gino Vanelli. La aventura no cuajó en disco. Mis compañeros eran Lotti a la guitarra con Eduardo “el wah-wah”. Al bajo estaba Eduardo, ahora en Cadillac. Grabamos una maqueta para EMI y al final las conversaciones no fructificaron. La banda llegó a un punto de saturación que determinó su desaparición”.

No era despreciable una segunda llamada de José Carlos: “Siempre tuvimos buenas relaciones de amistad y acepté grabar el primer L.P. de Ñu, “Cuentos de ayer y de hoy”. Se acababa de marchar Rosendo del grupo. Molina se cogió algún mosqueo porque por ejemplo los auriculares no se oían. La producción corrió a cargo de Vicente Romero, un colega y un amigo. Teníamos un presupuesto normal para aquellos tiempos, pero no había tantos medios como ahora. Nos acompañaban Jean Francois André (violinista ahora en Labanda), José María García a la guitarra y Jorge Calvo al bajo. Hubo algunos problemas con esta formación y Ñu quedó prácticamente desmembrado”.

 

 

El asunto Crater había quedado pendiente. “Si, pero ahora lo formábamos Aris Cuenca (guitarra), Benjamín Santamaría (bajo), Juan Ramón (cantante) y yo. Grabamos un single para Chapa, con producción de Teddy Bautista. No dio los resultados apetecibles y me marché”.

Una banda que pudo ser y no fue: “ETC era un grupo de hard-rock, con estilo y gusto. Los temas eran preciosos. Pero las compaginas nos ponían todas las pegas del mundo: para unas era demasiado fuerte; para otras demasiado sinfónico. ¡A ver si se ponían de acuerdo!. La banda era muy compleja, requería de muchos medios para hacerla sonar. Ahora mis compañeros eran Javier Esteve (antes en Cerebrum y ahora en Metrópoli), Valentín del Moral “El Chino”, Pedro Terán al bajo y Juan Carlos Redondo “Snoopy” a las teclas. Muchas ilusiones pero no acabábamos de encontrar el camino. Casi al final se nos ofrece una grabación, aunque en extrañas circunstancias. Eso originó tensiones que dieron al traste con ETC”.

 

 

Pocos saben que Enrique Ballesteros fue uno de los que puso las primeras piedras de lo que luego sería un monstruo llamado Banzai. “Mucho tiempo después de lo de Blue Bar, Salvador Domínguez y yo fundamos Banzai. Probamos a bajistas como Joe Morales y cantantes como Jimmy. Al final nos acompañarian “Snoopy”, “El Chino”, “Tibu”. Preparamos los temas y contactamos con la CBS, por mediación de Vicente Romero, e Hispavox. Es esta última la que se lleva el gato al agua. Pero viene lo de siempre, surgen las diferencias y yo me marché antes de que todo estallara. Mi sustituto fue Larry, de Guadalquivir, y fue él mismo quién grabó el primer L.P. de Banzai”.

 

No por ello había de quedarse fuera del mundillo y “fui a hablar con Javier Gálvez, que además es amigo mío. Quería pedirle consejo y, a la vez, que me indicara con quién podía trabajar. Me habla de Tony, que había sido guitarra de Union Pacific, y del bajista José Mari. Contactamos y trabajamos en la idea de Bella Bestia. Probamos muchos músicos y muchas compaginas. Al final grabamos con un sello independiente llamado Feroz, con muy pocos medios y presupuesto. Pero gustó al público por los temas que contenía. Todo va bien hasta que unos problemas me asaltaron. De manera tácita, prescindimos los unos de los otros”.

 

 

La última parada, por ahora, se llama Coz: “Nuestras ilusiones son grabar un álbum que nos llene tanto al público como a nosotros. Espero que la gente se dé cuenta que el rollo de Coz es auténtico y completamente honesto. De alguna forma, Coz es reivindicador de esos conceptos”.

 

No podía faltar la concepción general de la música en España: “Es, en todos los conceptos, vergonzoso: desde como se trata al público, a los músicos, la falta de infraestructura, la nula organización para vender la imagen de los músicos o simplemente sus discos. En suma, la falta de saber. Se improvisa muchas veces, pero lo ás grave es que no hay ideas para buscar salidas. No hay imaginación ni creatividad”. “Las pocas ideas que hay están cercadas; no las dejan salir a la luz de forma cruel. Espagna pyuede hacer grandes cosas musicalmente hablando. En nombre de músicos y público yo pediría: ¡Salid ya, por favor! ¡Dejadnos hacer!. Ahora para colmo se intentan limitar aún las formas de rock, cuando este se ha caracterizado siempre por su absoluta libertad”.

 

Con todo esto se podría pensar en si todo merece la pena: “Si, a nivel de realización personal, de superación día a día. Cada vez tengo menos, pero mejores amigos. Por otra parte te defrauda pensar si tu esfuerzo ha servido para algo o a alguien. Pero no me arrepiento de nada y lo volvería a hacer de nuevo. Ha habido momentos maravillosos con gente inteligente y honesta que pueden con todos los malos tragos que haya pasado. Al fin y al cabo, músicos, y más que eso, artistas somos y en el rock nos encontraremos”. Lo cual viene a dejar claro que  Enrique Ballesteros tiene cuerda para rato.

                                                                        Legitima defensa

 
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